07 julio 2011

La felicidad es la ausencia de miedo


Paloma Palacio, autora del libro "Quiero que me quieras", una muy buena amiga.

"Me llamo Paloma, soy mujer porque hace 54 años así lo diagnosticaron en una clínica de maternidad, feminista por conciencia de clase, y swinger por puro hedonismo.

Empecé a crecer con los ecos del flower-power . Maduré corriendo por la Ciudad Universitaria delante de los caballos de los grises, esquivando palos y tirando pequeños rodamientos para que los nobles brutos y los no tan nobles, cayeran. Entre asambleas, juegos de mus en la cafetería, y sexo en aulas vacías empecé a reconocerme tal como soy: guerrera, contestaría y respondona; no había posibilidad de marcha atrás, abrí mi mente y también mis piernas porque descubrí que había vida antes de la muerte y no solamente una serie ilimitada de pecados, faltas, normas, leyes, costumbres… que ataban mi mente, constreñían mis esperanzas y sojuzgaban mis acciones.

Mi particular guerra empezó gracias a unos pantalones vaqueros; tendría más o menos 15 años, un redondo y apetitoso culo empezaba a despuntar en la que hasta entonces era mi espalda infantil e inocente. Mi padre al verme dijo: “con esos pantalones no saldrás a la calle”; mi rebeldía natural junto con la propia de la adolescencia hizo el resto para esta cruzada contra el orden patriarcal establecido, el primero que todas y todos recibimos en nuestra familia que es donde la verdad objetiva siempre será la versión del poder, diciéndonos desde la cuna lo que somos y cómo debemos comportarnos –clasificándonos por género, no por sexo-, castigando los pecados y premiando las virtudes (que casi siempre coinciden con el ejercicio de la autoridad del “pater familias”, y que por regla general es un hombre).

Pero también me dí cuenta del poder de mi cuerpo, aprendí que no solo servía para enfrentarme a unas normas mostrándome orgullosa de cómo era y quién era, sino también para conseguir divertirme; aprendí que para disfrutar abriendo las piernas, antes hay que abrirse de mente. Como escribió Simone de Bouvoir, la mujer no nace, deviene. Y aprendí a ser mujer.

Durante los ochenta y sus interminables noches por Malasaña o Chueca conocí a esas otras mujeres (travestis, gays, lesbianas…) que me descubrieron la esencia de la feminidad con su performance de mujeres exuberantes, hembras-machos dominantes, o sus ademanes. Esa imagen creo que es la que provoca y ataca a quienes, como mansos borregos, asiente o intentan ejercer ese poder (mujeres y hombres), y de ahí su capacidad de tratarnos a todos los que no estamos de acuerdo con ellos como parias enfermos, locos y abordables sexualmente, para así reducirnos al silencio social, haciendo invisible todo aquello que se enfrenta a la autoridad.

No hay nada que joda más a quien ostenta, o acata el poder establecido que nuestro hedonismo. Para mí es un ejercicio diario ir en metro por las mañanas a trabajar, con minifaldas minúsculas, tacones de 10 centímetros y una sonrisa; observo las caras de mujeres y hombres mal follados, aburridos y tristes si se fijan en mi, yo les miro con una cara divertida, casi provocando, y diciendo con mis ojos ¿te gustaría un buen polvo?, solo hay que quererlo y preguntarlo, no es necesario firmar un contrato previo.

Me gustan las mujeres, los hombres, los travestis, me gustan todos aquellos que ofrecen su piel a cambio de la mía, que gozan con ello y que se dejan querer por mí. Respeto y quiero a todos y cada uno de ellos porque me brindan la oportunidad de conocer los límites del Universo desgajados de sus orgasmos y los míos. Nadie obliga a nadie, nadie impone normas, solo estamos hombres y mujeres unidos en un momento placentero, gratificante y dulce. No hay culpas porque andamos fuera de la norma, y creo que con esta sexualidad libre, plena, respetuosa conceptos como la fidelidad, el compromiso o el amor se diluyen y pierden su significado, y creo que ya llega nuestro tiempo de dotarles de un nuevo contenido, de reinventar las palabras y nuestras relaciones. De enfrentarse al poder que nos castra y ahoga.

Como Las Vulpes cantaban en su canción Me gusta ser una zorra: “… Prefiero masturbarme sola en la cama, antes que acostarme con quien me hable del mañana…”

3 comentarios:

Jerry Mc Mulligham dijo...

me encanto!!!! A mi tambien me gustan tod@s!!! Hombres, mujeres, travestis!!!! Y me gustas vos, mujer que escribe este texto.
Del blog ni hablar. Buenisimo!!!!

canuit dijo...

No se, pero juraría que fué esta mujer quien me dijo en una despedida: tiene razón, besas muy bien.
El Canuit

Anónimo dijo...

Un Hombre Libre, me gustaría conocer tu opinión de este libro.Gracias.

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